Calpe, renovarse a la sombra del Peñón
Siempre que vuelvo a Calpe (cosa que pasa menos veces de las que querría) me sorprende y me exalta la colosalidad irredenta del peñón de Ifach. Esta paquidérmica protuberancia, ocasionalmente envuelta de nubes como la aureola de un santo, parece siempre a punto de saltar sobre el mar, que le es refugio y no abismo. Y, en efecto, ese tosco poliedro es una prolongación de la cordillera Bética, que se sumerge audazmente bajo las olas para dirigirse a Mallorca. Un tótem prodigioso, una ofrenda desmesurada y, quizás, en su priapismo cósmico, un tabú.
2 days ago
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