El ‘gamer’ Macron y Son Goku en París
Elegante como siempre, pero algo más informal. El pasado domingo Emmanuel Macron —camisa blanca, traje sin corbata— entró en la sala principal del majestuoso Grand Palais acompañado por Mohammed Bin Salman —túnica blanca y shemag (pañuelo con un patrón de cuadros rojos y blancos sobre la cabeza)—. El presidente francés y el príncipe saudí avanzaban escuchando los aplausos. Al lado de sus sillas les esperaba el trumpista Gianni Infantino, que acaba de recibir el apoyo de la federación de fútbol saudí. Digamos que la gala, comparada con la culta tradición de la grandeur, era más bien peculiar: el último acto de la tercera edición de una competición internacional disputada por equipos que se enfrentan en partidas de videojuegos. En circunstancias normales el torneo se habría celebrado en Riad, como en las ocasiones anteriores, pero la guerra de Irán y su onda expansiva en la región obligó a los organizadores a cambiar la sede. Y en la ceremonia de clausura de la Copa del Mundo de eSports, porque las inversiones bien valen una misa, Macron. Era una fiesta del entretenimiento, pero no sólo. También dinero, mucho dinero, y la apuesta por una determinada visión de futuro financiada con miles y miles de millones. El torneo lo organiza Esports Foundation, institución en teoría sin ánimo de lucro que financia el fondo soberano saudí. Pero es que Public Investment Fund anunció que gastaría casi 40.000 millones de dólares en la industria del videojuego, otra inversión megalómana impulsada por Bin Salman con el propósito de que la economía de su país no sea tan dependiente del petróleo y, al margen de la democracia, consiga ser un referente global del entretenimiento. Allí se jugará el Mundial de Fútbol de 2034 y Cristiano Ronaldo es el icono que también estuvo en la gala de París.
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