Morir en agosto

Una tarde tórrida y ventosa de agosto, en la playa, luchando con la sombrilla para que no se me volara y empalara a un guiri y me hiciera acabar mis días en el trullo, el aviso de un correo urgente del curro en el móvil me quitó de cuajo la tontería y la paranoia. “Fallecimiento de nuestro compañero Fernando Sanz, del equipo de Economía de Cinco Días”, rezaba el asunto. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Fernando? Imposible. Si lo había visto días antes brujuleando por la Redacción, largo y desgarbado como él solo con su camisa y su pantalón de lobo de mar mesetario pidiendo playa a gritos. Si me había dicho que le llamaban El Averías porque no le quedaban semanas, sino días, para quitarse de enmedio y largarse a Menorca, en uno de sus habituales chistes de boomer a boomer que hacían poner los ojos en blanco a los becarios. Si estaba como nunca atisbando cada vez más cerca la perspectiva de constatar en carne propia que hay vida más allá del trabajo. Pues sí. No podía ser, pero era.
1 day ago
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